Neuropsicología…neuro ¿qué?

“La naturaleza de la intervención neuropsicológica hace que un profesional competente deba poseer las habilidades de entrevista y counseling, la apreciación de variables sociales y culturales y el adiestramiento de un psicólogo clínico; la sofisticación estadística y familiaridad con las pruebas de un psicómetra; y un amplio entendimiento comprehensivo del sistema nervioso humano y sus patologías, al menos a un nivel comparable al de un médico general”  M. Lezak.

Mi nombre es Emma Gil Orejudo. Mi dedicación principal es la neuropsicología en el ámbito del daño cerebral adquirido, donde he desarrollado toda mi trayectoria profesional hasta el momento. Trabajo en la unidad de neurorrehabilitación de un hospital, donde formo parte de un equipo compuesto por profesionales de diferentes disciplinas dedicados a acompañar y ayudar a las personas afectadas por patología neurológica a retomar su vida de la forma más satisfactoria posible.

Si bien la disciplina de la psicología es cada vez más conocida y demandada por la sociedad, la neuropsicología suele ser un área desconocida por los pacientes y familiares con alteraciones neurológicas. Conviene, por tanto, ofrecer una definición de la misma y señalar su objeto de estudio.

La que he escogido para tal fin dice así : ” La Neuropsicología es la disciplina que investiga las relaciones entre el cerebro y la conducta, entendiendo la conducta de un modo amplio, ya que incluye tanto los procesos cognitivos, como las emociones y la realización de conductas observables. Así, integra el conocimiento de la Psicología (como disciplina que estudia la conducta) y la neurología, lo que permite investigar de un modo integrador el funcionamiento del sistema nervioso y los mecanismos que en él están implementados” (González Rodríguez, 2012).

Por lo tanto, son objeto de la Neuropsicología no sólo las funciones cerebrales superiores, sino también la conducta y las emociones. Como solía decir Juan Manuel Muñoz Céspedes, uno de los más prolíficos impulsores de la Neuropsicología en nuestro país: “Antes que neuropsicólogos, somos psicólogos”.

IMG-20140424-WA0003 (1)

Existen diferentes ramas en Neuropsicología. La neuropsicología experimental investiga principalmente las relaciones entre estructuras y funcionamiento cerebral y capacidades mentales, en sujetos con o sin patología. Por su lado, la neuropsicología clínica se encarga de la aplicación de los conocimientos y técnicas neuroconductuales al diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y prevención e los déficit neuropsicológicos (Junqué, 1992). Ambas vertientes suelen ir de la mano, ofreciendo la clínica sujetos para investigación, y recibiendo de la experimental modelos y evidencia.

En la neuropsicología clínica el primer objetivo es establecer, mediante evaluación, un diagnóstico bien fundamentado que explique las alteraciones conductuales del paciente en su vida cotidiana en términos de su funcionamiento cognitivo, y cómo este patrón interactúa con sus variables psicológicas no cognitivas. En definitiva, qué componentes o funciones están dañadas y han de ser tratadas. Dichas funciones se pueden clasificar en de tres tipos: cognitivas, emocionales y conductuales.

Las funciones cognitivas, también llamadas funciones cerebrales superiores son la atención, funciones ejecutivas, memoria, pensamiento, percepción y praxias. A su vez estas funciones tienen subcomponentes explicados en lo que se llaman “modelos cognitivos”. El gran desarrollo filogenético de la corteza cerebral (la capa mas superficial del cerebro) en la especie humana permite que estas funciones sobresalgan en nuestra especie, por ello se aplica el término “superiores”.

El componente afectivo-emocional se refiere a aspectos sobre como suceden las reacciones emocionales en la persona y si existe alguna alteración en su aparición o autorregulación.

Los aspectos conductuales describen al paciente en términos de su comportamiento: iniciativa, adecuación al contexto, etc, lo cual implica el funcionamiento de los componentes cognitivo y emocional, así como el motor.

Es importante en una buena evaluación, discriminar en la medida de lo posible, qué componentes han sido alterados debido a la patología, y su repercusión personal, familiar y social, y cuales corresponden a personalidad y capacidades premórbidas (antes de la lesión).

Basada en esta evaluación, desde la neuropsicología se realizará oportunamente una intervención, articulada en objetivos a consensuar con el paciente y el resto de equipo terapéutico. Dichos objetivos se rigen por las características generales que han de cumplir los objetivos en una rehabilitación: ser significativos, consensuados con paciente y familia, éticos, realistas, con el fin último de proporcionar calidad de vida a corto y largo plazo. Además estos objetivos implican un plan lógico de acción con un orden de prioridades. Por ejemplo, se atenderá antes a problemas conductuales de agresividad que a problemas cognitivos de atención, ya que es más disruptivo en su funcionamiento; asimismo, se intervendrá antes para mejorar la atención del paciente que su memoria, en caso de que ambas estén afectadas. A medida que se avanza en el proceso de intervención, es conveniente realizar evaluaciones periódicas para revisar la consecución de objetivos basándonos en datos objetivos.

El neuropsicólogo se vale de diferentes métodos, técnicas y herramientas para conseguir los objetivos, entre los que destacan, por componentes:

– Entrenamiento, estimulación y rehabilitación cognitiva, dirigida a conservar o mejorar las funciones cognitivas.

–  Psicoterapia (no solo basada en la comunicación oral) para tratar los problemas emocionales.

– Técnicas de modificación de conducta, para intervenir sobre problemas conductuales (agresividad, apatía, desinhibición, etc).

Por último, señalar la importancia de que la intervención neuropsicológica esté incluida dentro de un plan terapéutico más amplio que incluya otras disciplinas. En caso de tratarse de un equipo transdisciplinar, ello implica:

–  Por un lado, que el neuropsicólogo ofrecerá pautas para que los otros profesionales puedan optimizar su trabajo con el paciente (ej: pautas de tiempos de trabajo en caso de un paciente con afectación de atención y fatigabilidad).

–   Por otro, realizará peticiones al resto de profesionales para que se generalicen aspectos que se están trabajando específicamente ( ej: ofrecer estímulos por el hemiespacio afectado de negligencia), así como ejecutará las ofrecidas por el resto de disciplinas.

–  Además consensuará con el equipo terapéutico objetivos comunes que unifican el trabajo de todos en una dirección.

 El trabajo en este tipo de equipos que funcionan con la debida comunicación, coordinación y consenso entre profesionales, familia y paciente (formando un auténtico sistema) hace que emerjan resultados cualitativamente superiores a la suma de dichas acciones por separado.

Emma Gil Orejudo. Neuropsicóloga. Magíster en Neuropsicología Cognitiva. Experto en Psicopatología y Psiquiatría.

Anuncios

3 comentarios en “Neuropsicología…neuro ¿qué?

  1. Hola Emma,
    lo primero muchísimas gracias por resaltar nuestra profesión en este gran Blog que sigo. Como dices, creo que la neuropsicología todavía es una gran desconocida entre la población “lega”, todavía somos “embriones” científicos.
    Quiero compartir contigo y con el resto del grupo algunas reflexiones personales sobre lo que comentas en la entrada. Espero que permitan un intercambio de opiniones fructífero.
    Experimental vs. clínica: Esta cuestión no es nueva, pero es importante reseñar lo artificial de su división en neuropsicología. Primero, porque la neuropsicología es una ciencia “relativamente nueva”. En las primeras fases de toda ciencia se suele comenzar por modelos aproximativos (y más si hablamos del comportamiento). Segundo, porque los modelos experimentales necesitan el apoyo clínico, y viceversa. Quizá todavía no hemos conseguido entrelazarlos de la manera adecuada, pero la clínica alimenta y explica lo experimental, y lo experimental a su vez intenta explicar lo clínico. Lo ideal sería que todos supiésemos hacer ambas cosas. No por capricho, sino porque nuestra ciencia debe avanzar. Sé que en el marco laboral esta distinción es fundamental. No por ello deja de ser una falsa distinción. Ambas deberían poder hacerse en la práctica diaria. No saber del sujeto de tu estudio (humanos) “deshumaniza” la neuropsicología y la convierte en algo artificial.
    Funciones cerebrales superiores vs. no superiores: Yo creo que el rango de los procesos neurocognitivos se guía por tres parámetros que serían: la demanda cognitiva, el control que unos procesos ejercen sobre otros, y como bien comentas su distribución espacial. Demanda cognitiva hace referencia a la complejidad de la tarea y los procesos que ponemos en marcha para resolverla -reflexivos/no automatizados vs. automatizados-. Tampoco se trata sólo de atención o memoria, sino de subprocesos dentro de esas funciones específicas que se PUEDEN graduar en términos de complejidad y distribución/interrelación con otras zonas neuronales (con otros subprocesos).Por supuesto cuando hay una lesión la clasificación “automatizado o no” se “esfuma”.
    El control que unos procesos ejercen sobre otros es una cuestión importante porque no se basa en la distribución filogenética. Se basa en un continuo donde “procesos fríos” y “procesos calientes” equilibran su control sobre la conducta en base a las demandas externas o internas -ojo, que quizá la posibilidad de establecer demandas internas es una de las capacidades realmente superiores que tenemos-. ¿Las estructuras emocionales toman control sobre estructuras que ejecutan procesos reflexivos o es al revés? La influencia que unos procesos ejercen sobre otros es más importante que la clasificación teórica de su complejidad (el primer criterio que comentaba).
    Como bien señalas, la distribución filogenética es importante. Desde este punto de vista hay diferencias y sí podríamos hablar de “habilidades superiores” respecto a muchas especies. Pero, ¿no tiene una rana procesos atencionales? Los tiene, sólo que su sistema nervioso tiene menos capacidad reflexiva (por ponerte un ejemplo, una rana tiene un sistema nervioso “para ver moscas y cazarlas”, un humano puede seleccionar -más o menos- en qué focalizar su atención). Por lo tanto, las funciones (mal llamadas) ejecutivas sí son procesos realmente superiores: la posibilidad de mentalizar a otros -y actuar acorde a ello-, la diferencia cualitativa en la capacidad de abstracción, la formación de un yo, y posiblemente la capacidad de establecer demoras -planificar, razonar, monitorizar- y la capacidad superior para hacer imágenes mentales complejas. Y es cierto que existen “ejes” de distribución funcional en términos de jerarquía, automatismo, mundo interno/externo…
    Lo que quiero decir con ello es que clasificar una función como superior nunca me ha convencido. Porque en todo caso hay procesos superiores, no funciones. Porque no tiene en cuenta el concepto de influencia entre procesos en base a demandas internas/externas y puede confundirse. Por ejemplo, la percepción visual es un fenómeno automático, complejo pero muy poco reflexivo que tiene una influencia en la conducta primordial ya que somos “seres visuales”. Y emocionales. Justificamos racionalmente nuestros sesgos y marcadores somáticos, no debemos subestimar las emociones sólo porque su elaboración cognitiva pueda ser menor 🙂
    La cuestión del movimiento también es importante, y es una debilidad en la formación en neuropsicología. Afortunadamente esa debilidad poco a poco se está eliminando ya que comienza a haber formaciones específicas en movimiento y cognición. Porque el movimiento es cognición también. Y el movimiento es conducta. Y si nos encargamos de la conducta, nos tenemos que encargar (en parte) del análisis del movimiento.
    Por lo demás estoy bastante de acuerdo, la importancia de establecer relaciones, prioridades, consensos, etc. con el paciente y la familia. La importancia de establecer un marco de trabajo multidisciplinar. Sólo por puntualizar y abrir (más) cuestiones: normalmente lo que he visto es que la persona de psicología clínica (y no el neuropsicólogo) suele hacer la intervención “emocional” con el paciente y la familia, aunque por supuesto debemos gestionar las emociones del paciente y su familia, especialmente durante las primeras tomas de contacto con la realidad que abordemos. A mí me parece perfecto, ¿cómo lo ves?
    Perdona por el tocho, creo que era importante resaltar algunos puntos.
    Gracias por la entrada de nuevo.
    Un cordial saludo Emma,
    Javier

    • En primer lugar, Javier, gracias por tus interesantes comentarios y cuestiones planteadas.
      Me gustaría contestar a algunos puntos que señalas, y así responder al intercambio de impresiones.
      En primer lugar, apuntas que la división entre neuropsicología experimental y clínica resulta artificial. Estoy de acuerdo contigo en que ambas han de ir de la mano y retroalimentarse, tal y como señalo en la entrada. Pero también me parece importante que, aunque sea el mismo neuropsicólogo el que realice una y otra, se distinga entre ambas, y se defina cuando se ejerce una y cuando la otra, ya que existe un punto esencial, y es el de su objetivo: mientras en la experimental se trata de llegar a generalidades partiendo de individuos (sujetos), en la clínica el objetivo podemos decir que es justo el opuesto: adaptarse al individuo (paciente) en su singularidad partiendo de las generalidades teóricas.

      En cuanto a la cuestión del término “funciones cerebrales superiores”, utilizo esta designación, tomada directamente de la terminología empleada por Luria, no con el fin de diferenciar procesos conscientes vs inconscientes, voluntarios vs automáticos o “calientes” vs “fríos”. Mi ánimo al utilizar estos términos es de incluir el conjunto de funciones cerebrales que resultan sobresalir en el caso de los humanos. No excluye que el resto de animales tengan funciones cognitivas, pero éstas en los humanos están más desarrolladas (funciones ejecutivas, integración perceptiva, capacidad de aprendizaje, etc) y ello permite desarrollar un repertorio de conductas claramente más amplio y sofisticado que en otras especies. Utilizo ese término para distinguirlo de componentes emocionales y aspectos conductuales, lo que no quiere decir que actúen por separado.

      La cuestión del movimiento, efectivamente es un aspecto bastante descuidado en nuestra formación como neuropsicólogos, puede que por la suposición de que trabajaremos en equipos donde otros profesionales atenderán a estos aspectos. En general encuentro que en neuropsicología perpetuamos el error de Descartes, y trabajamos como si cuerpo y mente fueran dos entes divisibles y nosotros, como profesionales, sólo hubiéramos de atender a la segunda. La unidad cuerpo-mente es una cuestión que me fascina particularmente, más allá de la neuropsicología. En este sentido, si conoces formación o material específico sobre el tema (no solo el movimiento, sino cuerpo en general) te pediría que lo comparieras por aquí.

      En cuanto al marco de trabajo, el ideal en rehabilitación neurológica, bajo mi punto de vista, es el transdisciplinar, pero esto no siempre es posible en la práctica, por motivos varios y variados.

      Por otro lado, planteas si somos los neuropsicólogos los indicados para atender a cuestiones emocionales en pacientes y familiares. Como decía la frase de Juan Manuel, antes que neuropsicólogos somos psicólogos. Para mí esto quiere decir que si realmente realizamos tratamiento a una persona en su conjunto, no podemos dedicarnos únicamente a sus capacidades cognitivas, porque de ese modo dejamos descuidadas variables muy importantes de intervención. Hilando con lo anterior, me planteo si los neuropsicólogos atendemos con demasiada vehemencia los aspectos cognitivos, tendiendo a abandonar lo emocional (no solo reacciones emocionales patológicas) y corporal, lo cual me parece un error por incoherente. La intervención en todos los niveles enriquece enormemente el resultado del trabajo.
      En cuanto a atender a la familia del afectado, creo que es una cuestión importante que el neuropsicólogo acote su actuación hacia la familia en el rol de ésta como facilitador de la rehabilitación. El neuropsicólogo, en mi opinión ha de educar y convencer a los familiares y entorno del paciente sobre su papel en la rehabilitación, tal y como se hace en cualquier otra área. Sin embargo no creo que tenga que ser éste quien atienda a cuestiones emocionales de los miembros de la familia, ya que existe la posibilidad de que los intereses de la familia como sistema puedan a contraponerse con los del paciente como individuo, lo cual plantea un problema ético. Por esta razón creo firmemente que en un equipo de rehabilitación neurológica ha de incluirse la figura del psicólogo de familias, que atienda a este tipo de necesidades no carentes de importancia en la recuperación de una persona.

      Espero que mi “tocho” conteste a tus planteamientos, y que suscite nuevas cuestiones.
      Gracias de nuevo por tu interés y por compartir pasión por esta disciplina.

      Aprovecho para invitar a que otras personas expresen sus pareceres o dudas que a todos nos enriquecerán.

      Un saludo,

      Emma Gil Orejudo
      Neuropsicóloga

    • Muchas gracias Javier por tus comentarios, me parecen muy interesantes.

      Me gustaría contestar a algunos puntos que señalas, y así responder al intercambio de impresiones.

      En primer lugar, apuntas que la división entre neuropsicología experimental y clínica resulta artificial. Estoy de acuerdo contigo en que ambas han de ir de la mano y retroalimentarse, tal y como señalo en la entrada. Pero también me parece importante que, aunque sea el mismo neuropsicólogo el que realice una y otra, se distinga entre ambas, y se defina cuando se ejerce una y cuando la otra, ya que existe un punto esencial, y es el de su objetivo: mientras en la experimental se trata de llegar a generalidades partiendo de individuos (sujetos), en la clínica el objetivo podemos decir que es justo el opuesto: adaptarse al individuo (paciente) en su singularidad partiendo de las generalidades teóricas.

      Con respecto a la cuestión del término “funciones cerebrales superiores”, utilizo esta designación, tomada directamente de la terminología empleada por Luria, no con el fin de diferenciar procesos conscientes vs inconscientes, voluntarios vs automáticos o “calientes” vs “fríos”. Mi ánimo al utilizar estos términos es de incluir el conjunto de funciones cerebrales que resultan sobresalir en el caso de los humanos. No excluye que el resto de animales tengan funciones cognitivas, pero éstas en los humanos están más desarrolladas (funciones ejecutivas, integración perceptiva, capacidad de aprendizaje, etc) y ello permite desarrollar un repertorio de conductas claramente más amplio y sofisticado que en otras especies. Utilizo ese término para distinguirlo de componentes emocionales y aspectos conductuales, lo que no quiere decir que actúen por separado.

      La cuestión del movimiento, efectivamente es un aspecto bastante descuidado en nuestra formación como neuropsicólogos, puede que por la suposición de que trabajaremos en equipos donde otros profesionales atenderán a estos aspectos. En general encuentro que en neuropsicología perpetuamos el error de Descartes, y trabajamos como si cuerpo y mente fueran dos entes divisibles y nosotros, como profesionales, sólo hubiéramos de atender a la segunda. La unidad cuerpo-mente es una cuestión que me fascina particularmente, más allá de la neuropsicología. En este sentido, si conoces formación o material específico sobre el tema (no solo el movimiento, sino cuerpo en general) te pediría que lo compartieras por aquí.

      En cuanto al marco de trabajo, el ideal en rehabilitación neurológica, bajo mi punto de vista, es el transdisciplinar, pero esto no siempre es posible en la práctica, por motivos varios y variados.

      Por otro lado, planteas si somos los neuropsicólogos los indicados para atender a cuestiones emocionales en pacientes y familiares. Como decía la frase de Juan Manuel, antes que neuropsicólogos somos psicólogos. Para mí esto quiere decir que si realmente realizamos tratamiento a una persona en su conjunto, no podemos dedicarnos únicamente a sus capacidades cognitivas, porque de ese modo dejamos descuidadas variables muy importantes de intervención. Hilando con lo anterior, me planteo si los neuropsicólogos atendemos con demasiada vehemencia los aspectos cognitivos, tendiendo a abandonar lo emocional (no solo reacciones emocionales patológicas) y corporal, lo cual me parece un error por incoherente. La intervención en todos los niveles enriquece enormemente el resultado del trabajo.

      En lo que respecta a la intervención con la familia del afectado, creo que es una cuestión importante que el neuropsicólogo acote su actuación hacia la familia en el rol de ésta como facilitador de la rehabilitación. El neuropsicólogo, en mi opinión ha de educar y convencer a los familiares y entorno del paciente sobre su papel en la rehabilitación, tal y como se hace en cualquier otra área. Sin embargo no creo que tenga que ser éste quien atienda a cuestiones emocionales de los miembros de la familia, ya que existe la posibilidad de que los intereses de la familia como sistema puedan a contraponerse con los del paciente como individuo, lo cual plantea un problema ético. Por esta razón creo firmemente que en un equipo de rehabilitación neurológica ha de incluirse la figura del psicólogo de familias, que atienda a este tipo de necesidades no carentes de importancia en la recuperación de una persona.

      Espero que mi “tocho” conteste a tus planteamientos, y que suscite nuevas cuestiones.
      Gracias de nuevo por tu interés y por compartir pasión por esta disciplina.

      Aprovecho para invitar a que otras personas expresen sus pareceres o dudas que a todos nos enriquecerán.

      Un saludo,

      Emma Gil Orejudo
      Neuropsicóloga

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s