Ejercicio físico en el Parkinson

Sustancia negra-Amigdala en Parkinson

Recientemente se ha celebrado el 18º Congreso Internacional de la Sociedad de Parkinson y Transtornos del  movimiento entre los días 8 y 12 de junio en Estocolmo. Se han presentado varias comunicaciones y carteles científicos que resaltan la importancia del ejercicio físico en el paciente con Parkinson y otras enfermedades extrapiramidales.

En la bibliografía médica ya contamos con diversos estudios como los publicados en el 2012 de los beneficios del tai chi o la práctica del ciclismo en los pacientes parkinsonianos. En el Hospital Clínico de Cleveland realizaron un estudio con 26 pacientes en los que se establecía un protocolo de pedaleo en bicicleta estática, unos lo hacían a baja velocidad y resistencia y otro grupo era obligado a pedalear en un tándem con un terapeuta a mayor velocidad y resistencia. Realizaban sesiones de 30 minutos 3 veces a la semana durante 8 semanas. Después de las 8 semanas observaron que en el grupo que realizaba el ejercicio a más velocidad y resistencia la sintomatología de la enfermedad mejoraba; los pacientes caminaban mejor, presentado menos caídas y mejor control motor. En el grupo que pedaleaba sin un programa establecido no se apreciaban diferencias clínicas significativas. Era curioso además que al realizar RMN funcional como pruebas de imagen, se apreciaban cambios en los niveles de O2 cerebral además de nuevas interconexiones interneuronales relacionadas con la práctica del ciclismo.

En el Instituto de Investigaciones Neurológicas de Oregón observaron (2012) que la práctica de tai-chi dos veces a la semana durante 24 semanas comparado con un programa de entrenamiento  de ejercicios activo-resistidos mostraba beneficios en la mejoría del control postural, estabilidad y patrones de marcha en pacientes con Parkinson leve-moderado.

Se acaba de publicar en el Neurology el 2 de Julio el estudio presentado por el Dr Ergun Y y colaboradores de la Universidad de Iowa como comunicación científica en el congreso de Estocolmo. En esta investigación ellos ahondan en la importancia de caminar rápido para mejorar la función motora, el estado de ánimo, mejorar la tolerancia al ejercicio y la calidad de vida en los pacientes con Parkinson leve o moderado.

sustancia negra 1

Diferencia entre sistemas extrapiramidales. La imagen de la izquierda muestra una sustancia negra normal mientras que la imagen de la derecha muestra la de un paciente con enfermedad de Parkinson.

En general nos sugieren que los pacientes con Parkinson, sin diagnóstico de Demencia,  que son capaces de caminar sin bastón o andador y que no tienen patologías cardiovasculares asociadas u otras enfermedades médicas u ortopédicas importantes como artrosis severa, pueden seguir las recomendaciones de guías clínicas de ejercicio físico para pacientes sanos. Por consenso se admite que un adulto debe realizar 150 minutos a la semana de ejercicio aeróbico de moderada intensidad.

En este estudio presentado en fase II no se ha establecido un grupo control. Se incluyen a los primeros 43 pacientes randomizándolos dentro de un programa de ejercicio aeróbico continuo y otros a intervalos en sesiones de 45 minutos 3 veces a la semana durante 6 meses. En el grupo en el que el trabajo era a intervalos en los estudios preliminares aparecieron un número elevado de lesiones músculoesqueléticas como tendinosi, sinovits articulares o rupturas fibrilares.

De los 60 pacientes en total estudiados el 81% completaron los 6 meses de programa, realizando un entrenamiento con una velocidad media de 4,6 km/ hora (2,9 millas), utilizando un 47% de la reserva cardiaca, considerándose un gasto cardíaco límite en la práctica de ejercicio aeróbico de este tipo de pacientes. Según los investigadores, no se presentaron efectos adversos.

Al completar el estudio se presentaron resultados con la medición del consumo máximo de O2, la velocidad de la marcha conseguida, medición con la escala “Unified Parkinson Disease Scale (UPDRS), estudiando sobre todo las funciones axiales y espasticidad, fatiga, depresión y calidad de vida.

Llama la atención que los pacientes no mejoraron en la realización de sus actividades de vida diaria ni en sus parámetros cognitivos, aunque si se pasaba el test de Flanker “Flanker task scores” que parece ser más sensible a los efectos del ejercicio físico si apreciaban mejoría en el procesamiento cognitivo y depresión.

Por lo tanto el ejercicio prescrito a estos pacientes hace que tengan un mayor control de su sintomatología y  un papel más activo en el manejo de su enfermedad. Si esta prescripción la acompañamos con una correcta prescripción de fármacos podríamos mejorar la evolución , la prevención de caídas y la posibilidad de otras complicaciones como fracturas o aumento de espasticidad  que ensombrecen el pronóstico del paciente parkinsoniano.

Autora: Ana Belén Cordal López.

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